Hacer el Amor

Era en las calmadas aguas del este.

Allá lejos en el horizonte donde las lágrimas del cielo se forman.

Donde calla el alma y otorga ser instrumento de la divinidad.

Dulce encuentro es el que tienen las almas en el infinito.

Aquel sitio donde se extinguen las fronteras me deje quemar ante un beso húmedo de un día fresco.

Un beso, que no se limitó a los placeres de los labios.

Un beso, que atravesó las fronteras, y se aventuró explorar lugares irreconocidos.

Busque tu rostro, suave como pinceladas de agua acuarelada.

Lo acaricie con besos, como lo hacen los perros.

Con respiraciones largas y pronunciadas para no olvidar tú aroma.

Buscando tu cuello, donde se concentra el olor cálido de tu perfume.

Tan celosamente guardado y yo un pobre mortal bendecido por oír tus canciones.

Canciones que se crean en confidencia entre dos amantes.

Pues de seguro que en los placeres del amor puro, desaparece la cama.

Muy vulgar para sostener el amor de dos y así esta se convierte en otra cosa.

Mariposas del alma que se concentran en los más elevados instintos del ser.

Es cuando tímidamente mis manos buscan desnudarte.

Descubrirte ante mí, celoso enfermo afiebrado de tus ropas.

Es necesario arrancarlas, quemarlas si es preciso con el fuego divino que quema cenizas.

Aquel fuego que quema nuestros corazones y se une amadamente con el sexo.

Sueltas palabras en mi oído las cuales traspasan mi cabeza.

No encontrando reposo estas penetran en mi alma.

Sublime palacio el cual guardo celoso para ti.

Suelto palabras que son afinadas en las lejanas tierras del sentimiento.

Me dejas abajo en una vuelta del destino.

En un combate en que reina las reglas del corazón.

Gustoso permito que trepes mi cuerpo, alpinista de la madrugada.

Las brisas cautelosas rozan tus cabellos húmedos, entrando atrevidas por la ventana.

Supongo que son bienvenidas a la magia.

Posas tus manos en mis pechos y con movimientos que solo pueden ser dirigidos por el placer comienza un va y ven de caderas.

Podría jurar por dios que las olas no se comparan con tan cuidados movimientos.

Una sonrisa picara y dos miradas de dos amantes.

Esa mirada de dos músicos que con miradas se dan la pauta para celebrar un concierto exitoso.

Concierto medido en respiraciones, gemidos que salen de lo más hondo del pecho hacia los labios de los amantes.

Gemidos que una vez soltados afuera, entran en el mundo material.

El tiempo desaparece pues es muy burdo para participar en esta magia.

Y así antes de culminar el acto divino, se ha decidido no terminarlo.

No terminarlo porque sería un fin.

No terminarlo porque bajaríamos de la nube al país de los mortales.

Es necesario que sea eterno, infinito e incorruptible.

Pues siendo este un acto eterno es bendecido por el universo.

Nos agarramos de las manos y juntos frente con frente se escapa un escurrido suspiro.

Descanso pues el viaje hasta encontrarte ha sido largo.

Descanso pues es ahora cuando empiezo a hacer el amor.

Wladimir Ediron Jimenez Murillo

09/11/2012

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