Cielo purpura

327e370c-0fca-4111-94fa-dcb05c1a80ee

 

Ya hemos estado en esta plaza, pues aún nos miran las mismas blancas azucenas.

Aunque aún es de día, nos miran las mismas estrellas.

Existe complicidad en caminar los dos tomados del brazo.

Una complicidad que se eleva más allá del cielo purpura que rodea este atardecer.

El viento se quiere llevar tu vestido, te ríes,  y yo solo puedo sonreír.

¿Sabes que nuestras risas inundan la plaza con cálidos colores?

¿Sabes que tus cabellos parecen hablarme esta tarde?

Me hablan del encuentro de dos espíritus que se unen, dejando sus ropajes de lado.

Ropajes que son vestigios del tiempo y el olvido.

Siendo lo nuestro eterno mas allá de los cuerpos, pues ellos no pueden albergar constelaciones.

Aun así la sonrisa que profesas esta tarde me convence de que he caído impávido ante semejante concierto.

Un concierto del cual no sabes aun que eres parte.

Cada hoja que caen de esos arboles tiene un bello propósito.

Con cada despido viene un retoño a tomar parte en esta sinfonía.

Háblame del cielo y sus misterios.

Háblame del bosque y sus verdades.

Háblame querida de futuros furtivos y esquivos en la noche.

No es que venus llene cada rincón de este escenario.

Son tus ojos los que me dicen que soy parte de esta bella velada.

Son tus ojos los que me susurran que después que pasen las sonrisas estaremos muy cómodos con el tierno y cándido silencio.

El cielo aún sigue purpura amor.

 

Wladimir Jiménez

18/02/2017

Caballeros blancos, inviernos, lunas y soles.

Las náyades se quedaron sentadas en las ramas de la betula .

Los Onís asustados huían, mas estos se transformaban en risas.

Tiernas palomillas amarillas que posan sus gráciles cuerpecitos en mi ventana.

Sonidos de cantos, buscando refugio en mis oídos esta tarde de nubes abultadas.

Mas silencie mi jardín en la noche, quedando empapado por el invierno con el cual respondió.

La luna enrojecida miraba inmutada e impotente, mientras yo observaba estrellas falsas con mi corazón quebrado.

Solo eran cuerpos, pues aunque estos se entienden en realidad no se comprenden.

No danzan en la noche vestidos de estrellas fugaces reflejando rosadas constelaciones, titilando luceros azules las cuales estarían casadas con bellos caballeros blancos.

Perdón por que no fue un caballero blanco, comparto contigo el frio invierno, mas, este solo le puede dar la bienvenida a la cálida bendición.

No se crean paisajes naranjas con luces verdes pintando fondos celestes.

Queda la música vacía del que mira estrellas sin vida en una noche de luna enrojecida.

De la bendición brotan soles.

Eso ya no importa más mientras el calor besa mis mejillas.

Que ya no importa más si suelto tu mano mientras iluminados nadamos ríos distintos.

No deseo ver ese paisaje ni imaginar alguno, deseo crear uno propio.

 

Wladimir Jiménez

11/02/2017

Esa hoja de abedul

Espero a que el tiempo se escape.

Espero a que las olas dejen de sonar y que entre espumas blancas se pierda esa hoja de abedul.

Que la luz que toca el bosque se transforme grácilmente en sonidos de calma y seguridad.

Los soldados golpeados regresan a sus casas a contar leyendas y hazañas.

Las palomas que volaron regresaron vitoreando sobre dulces noches en ese bosque de abedul.

El sonido de sus cuerdas me atormenta pero no es batalla nueva.

No es riña ni mucho menos fútil pelea.

La tormenta no puede ser calmada, solo ignorada y más arriba en las montañas olvidada.

Es que cuando te quieres sumergir y solo mojas las rodillas.

Visite castillos de azúcar que el cielo decidió desvanecer empapándolos.

Los visite en sueños y mira tú que grandes y hermosos eran.

Las nubes se disipan con el viento y el humo lo hace también.

Ahora el espejismo se fue y da paso a la arena.

Pues como es abajo es arriba y con cada giro marca una historia.

Historia que habla de arena y su paso a cuenta gota.

Que es el tiempo si no un espacio.

Que es el tiempo si no un cuarto.

Que es el tiempo si no la base de un cuento.

Entre bofetones despierto atento en mi barca blanca.

Me volteo y veo que la hoja de abedul ya no está o quizá nunca estuvo.

 

Wladimir Jiménez

10/02/2017

 

Siluetas de Amor

(Recomiendo escuchar esta música mientras lo lees, acá el link https://www.youtube.com/watch?v=mXttp8_xSHQ)

Camine un día por ese bosque desolado con árboles sombríos.

Arboles de esos que en la noche dibujan siluetas de miedos que aun desconoces.

Camine por aquella ciudad gris con aceras vacías.

Respire sobre ese suelo inerte el cual no podía sostener mi aliento.

Respire sobre aquel suelo mientras ríos de plata surcaban mi rostro, mi cuerpo, mi alma.

Toque con mi piel sueños que se rompieron con cada aliento.

Con cada suspiro que entregue los arboles sombríos me atrapaban.

Mientras caminaba mirando hacia el único lugar que conocía, encontré un regalo.

Tierna flor en medio del tenue bosque.

Sentí su sonrisa amable y su invitación a mirar lugares desconocidos.

Una mano cálida tomo mi corazón con la delicadeza de esa tierna niñita.

Recordé un zapatito que encontré en la playa el cual llevará nuevos recuerdos.

Recuerdos de un sol y una luna que se buscan sin cesar.

Recuerdos de una tierra que es testiga.

Recuerdos del amor, del viento y la sal.

Recuerdos del tiempo y sus laberintos.

Respire tan profundo que escuche un concierto salir de mi interior.

Las estrellas miraron a mis ojos y aquella manita tomo mi corazón.

Mis manos derecha e izquierda estaban llenas mientras las calles grises tomaban color.

Los bosques nos empaparon de su verdor mientras las nubes alegres jugaban con el viento

Sonatas que los tres no olvidaremos.

Un baile alegre en la lluvia de invierno.

Los Arboles se convirtieron en maestros y estudiantes.

Nos miramos los tres y ya nuestros corazones los había tomado la vida.

Entramos en aquella ciudad en la que ahora había mucha gente vistiendo de muchos colores.

Vistiendo de muchas sonrisas.

Que deseo tan absurdo de querer ver sombras donde solo podría haber color.

Que deseo tan tonto de querer ver oscuridad donde solo podría haber luz.

Nos acunclillamos los dos abrazados y hablamos contigo.

Tome tu barbilla y mire tus avellanados ojos.

Pestañeaste y un viento fresco acaricio nuestro rostro.

Hablamos contigo pero ni siquiera podíamos mover los labios.

Con una mirada te dejamos jugar y fuimos parte del bosque en el que se dibujaban siluetas de Amor.

Siluetas de Amor para que juegues en toda tu eterna vida.

 

Wladimir Jiménez

08/02/2017

Julieta

(Mientras lees te recomiendo escuchar Meditation de J. Massenet desde el minuto 3:00 búscalo en YouTube con la siguiente descripción “Classical Venice Music Vol. 03 by Caffè Concerto Strauss | Venezia | Venedig | Venetian |”  lamentablemente no se puede copiar el link, pero no te vas a perder.)

Y sus cabellos no podían mentir.

Los cabellos de Julieta atrapaban mis dedos en las mañanas.

Se metían entre ellos como si sumergiese mis manos en la pileta de aquella plaza.

Atrapaba también mis recuerdos haciendo suya mi memoria.

Deje mi corazón en aquel viaje y lo deje entero.

Es acaso el viento quien te entregara mis mensajes Julieta?

Es acaso el entrelazar nuestros brazos un símbolo?

El cielo se partía mientras yo vivía dentro de ti escuchando tu más dulce melodía.

Escuchando tus suaves deseos.

Hablando con tus brillantes ojos.

Tú eres un concierto sin sonido el cual sin duda ame.

Rezando palabras dulces en tu frente comprendo que la vida y la muerte siempre serán la misma mentira.

El tiempo  me parece un triste acontecimiento y también una larga alegre bienvenida.

Porque seguimos cometiendo los mismos errores Julieta?

Los mismos errores vida tras vida.

Es entonces cuando decidí caminar hacia el único escenario que podía.

Puse mi bolso en mi hombro y empecé mi camino por ese sendero dejando a mis espaldas aquel pueblo.

 

Wladimir Jimenez

06/02/2017