Tibias almohadas.

Celosos guardianes de mis hilarantes enredos.

Que no se pueden entregar ante revoloteantes viajeros del vientre.

Marchándose siempre en las noches silentes.

A aquel paisaje extenso de mis titilantes recuerdos.

 

De esa sonrisa dulce que moraba adornante en tu cara morena.

Quedando yo enredado en ropajes rebeldes deleites del viento.

De aquel ébano embriagante que abraza estrecha cual noche a las estrellas.

Es mi hombro el eterno placido palacio de tu rostro.

 

Pues en mis labios reposan pétalos dominicales.

Que no cesaban en sentir las respiraciones dominantes.

de esa tarde llena de tibias almohadas.

En la que los sueños como críos del tiempo delicadamente nos animaban.

A empaparnos en los mares de un amigable sentir.

De un bello y anhelante traslucir.

 

En las alacenas deje cauteloso migajas

En los baúles me despoje de suaves recuerdos.

Que ansiosos e intrépidos escalaban mi cordura.

Pues de la luna cubico esta noche entre ceja y ceja.

El laborioso enredo de faunos amos de lo nocturno.

 

Como la mirada sostenida en el extenuante tiempo.

Que brinde eterno a tus suaves sueños de madrugada.

Envuelto yo ahora en los mares de un ruborizante fulgor.

Quede vigilante dentro de ese intrépido soltar.

Capitán bendito en luces vespertinas de un claro y vehemente cantar.

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Wladimir Jiménez

10/09/2017

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Lavanda y lirios

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Hubiese querido vivir en los arrabales románticos de tu dulce melena.

Contornearme cual viejo cirquero entre tus curvas.

hasta llegar impávido a descansares nocturnos.

Descansares en el centro de tu redondo ombligo.

 

Bailar un vals en tu oído deleitando a los glaciares hasta hacerlos mares para surcarlos juntos recorriendo la eternidad.

Convertirlos en lagos si tu quisieras, pues te prometo yo fundar nuestro hogar en su orilla.

Crear cálidas emociones decantadas en paisajes que envuelvan tus ojos en gotas de lavanda y lirios.

Recorrer un abrazo entre destellos de atardeceres rosas con cielos de suave melón.

Caminar esta mañana entre la composición mística de tus gestos.

Que una sonrisa tuya me haga volar hasta yo transmutar en viento.

Para así dormir entre tus calmos sueños.

De aquel que busca el vientre amante de una noche de septiembre.

 

Reposar mis pensamientos entre tus delicadeces.

Caminé entre arena mientras me rodeaban flores.

Las bendiciones blancas empapan de amor a cada una.

Del que se rindió ante sus rodillas en arenas que se hicieron pétalos.

 

Ante cada muralla solo guardé un tímido silencio.

Brindé oraciones envueltas de paciencia diligentemente depositadas en un firme cariño.

Para así embebido de tus suaves movimientos.

Captar esa suave sonrisa que solo sabe dibujar mapas de luceros.

 

Momento místico en el preludio de una sonrisa.

Como en el instante en que se forjan tus pensamientos.

Pensamientos que caen en mi como hojas de árbol que hace su casa en otoño.

 

Lo que te doy esta noche no se detendrá en los bosques del antiguo Cronos.

Lo que te brindo descansará en tus florecidos jardines.

El tiempo se rinde entre cada lavanda y lirio que deposito cada noche.

Flores que descansan a la diestra en donde reposan tus lagunas cubiertas.

Arropadas entre alas de mariposas.

Que con cada aletear me pongo con afán a volar cometas brillantes al aire.

 

 

Wladimir Jiménez Murillo

02/09/2017

Haciendo el amor

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Son estos cálidos besos exploradores de tus campos.

Como naufrago hambriento mis labios bendecidos.

Besan los suaves mares entre tempestades que agitan los cuerpos.

 

No es cansancio ni dolor.

Cuando el fuego es permitido transmuta en una dulce melodía.

Melodías compinches del placer entre dos mortales.

Que alcanzan la eternidad entre respiros.

Descubriendo de a poco la inmortalidad en el cansancio consentido.

Consentido por dos almas transeúntes.

No teniendo más común los dos que un solo cuerpo.

Complacidos ambos en una danza que se mantendrá eterna entre cada suspiro.

 

Cuando los placeres combinados con el rosa de nuestros pechos.

Me obligan a tomar con mis manos esa suave silueta.

Mientras me sumerjo bendito entre tus cálidos paisajes.

Una mano escapa sedienta hacia tu rostro como un dulce norte.

Sediento de tus suaves cabellos.

Que como agua de manantial se pasean entre mis pérfidos dedos.

 

Entre el calor y el sentimiento predilecto que guardo mientras tu pecho anida en mis labios.

Siento tu corazón posarse en mi lengua.

Haciendo hogar en mi boca.

Pues invitando a tus suspiros y escuchando tus versos sin sonidos.

Decido ser voraz navegante.

Decido ser una apacible ave.

 

La luz tenue de las velas baila con la fresca noche.

Mientras tu posición es cautiva y amplia.

Prisionera y fervientemente amorosa.

Nativa de mis selvas y heredera de mis palacios.

 

Nuestras frentes se unen chocando las aguas de nuestras profundas lagunas.

Mantengo tus brazos como placidas almohadas de tu mundo.

En estos momentos el timon de la barca es tuyo.

Aquella barca se mueve entre profundos respiros cortados en diminutos momentos.

Que se vuelven eternos e intocables.

 

Transitan tus piernas como directoras de una cálida orquesta.

Fragancias que se mueven entre el aire.

Cuerpos desgastados por la luz de lo que envuelve la perfección.

Como siempre cuerpos que no nos pueden acompañar al banquete.

Terminamos tu y yo en una fiesta en que las formas se ignoran.

Formas que se dejan seducir por el camino que solo aguarda al tiempo.

Siendo vulgares vestigios del mundo.

 

En esta noche cobijo el alegre cansancio y placido agotamiento.

Dulces latidos que a cuenta gota se unen a los míos.

Estrecho a mi pecho mi tesoro más preciado.

Mi tesoro más amado.

 

Las marionetas una vez disfrutadas quedan reposando en la cama.

Nosotros aún estamos bailando entre las nubes y las estrellas.

Aún estamos entre suspiros creando nuevos luceros.

 

 

Wladimir Jiménez

16/08/2017

Apresurado

Muy rápido muy apresurado.

Como la ventisca salada que devora mis labios.

Como la lluvia que viene y toca las puertas de mi techo sin ser ella invitada.

Tan deprisa como si de un ingrato segundo dependiese.

Como si de un instante congelado de un singular tiempo acortado este colgara.

Acortado en un instante que se posa delicadamente en tus labios.

En mis labios.

Tan ínfimo y sin pensarlo tan delicado.

Mira que es bienvenido y a la ves intruso.

Una vida enredada como los cabellos de una nodriza.

Una espada brillante y fría que danza ante mi estrella de la noche.

Son aquellos tonos que sin avisar irrumpen el universo.

Mi universo.

Y es entonces cuando debo esconder al sol de los labios.

Cuando debo esconder las oraciones de mis labios.

Cuando más me es imposible esconder mi corazón de tus manos esta noche.

Así sin avisar.

Tan apresurado como la ventisca del desierto.

Tan apresurado que con una caricia toma desprevenida a mi luna.

Tan apresurado que el salado mar irrumpe nuestros labios mientras expiamos nuestros más ocultos pecados.

Una noche sin avisar vivo contigo en las estrellas mientras mis pies son fieles  amantes del suelo.

 

Wladimir Jiménez

29/04/2017

Recuerdo ajeno

No se puede hacer que un manantial te brinde el agua que necesitas beber.

Estuve en otros recuerdos y me rendí.

Como un aleteo el sueño se abatió sobre mi cabeza.

Cronos congelo una visión que no era mía.

Con sus alas se posó en mis ojos un recuerdo que no era mío y el cual yo no quería.

No era mío y aun así me abofeteo en el suave letargo de las horas.

Como una espada atravesó mi jardín, aquel en donde crecían las flores más bellas.

Visiones de cantos y alegrías en costas ajenas.

No son mías esas arenas, se me permitió verlas en la desnudes de mi piel.

En la desnudez que acompaña al ébano nocturno

En aquella piel donde en ese instante los volcanes se apagaron.

Un instante es solo un intervalo de tiempo acortado.

Acortado a un ínfimo y aunque lacere a las flores es un puro instante intruso.

Historias, visiones y recuerdos de otros mares que no deseo ver más.

No quiero ser invitado, pues no volveré a ser intruso.

Salgo de ese paisaje perdonando cada gota de las lluvias de Marzo.

Salgo de ese recuerdo intruso rendido.

Que es rendirse? si no abrir las manos y soltar las armas?.

No pude hacer que el sol saliera por esa ventana.

Ni con mis manos desnudas pude vestir esos desiertos de verde.

No pude empapar de mí a la nieve.

No pude calentar con mis llamas las manos de los vagabundos.

Con los mares en las niñas emprendí el viaje allí donde el sol golpeaba mi mejilla.

Cambio las armas por alas de miel.

Con mi manantial entre mis manos dejo esa flor que con el viento se funde y se pierde.

Wladimir Jiménez Murillo

19/03/2017

 

Cielo purpura

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Ya hemos estado en esta plaza, pues aún nos miran las mismas blancas azucenas.

Aunque aún es de día, nos miran las mismas estrellas.

Existe complicidad en caminar los dos tomados del brazo.

Una complicidad que se eleva más allá del cielo purpura que rodea este atardecer.

El viento se quiere llevar tu vestido, te ríes,  y yo solo puedo sonreír.

¿Sabes que nuestras risas inundan la plaza con cálidos colores?

¿Sabes que tus cabellos parecen hablarme esta tarde?

Me hablan del encuentro de dos espíritus que se unen, dejando sus ropajes de lado.

Ropajes que son vestigios del tiempo y el olvido.

Siendo lo nuestro eterno mas allá de los cuerpos, pues ellos no pueden albergar constelaciones.

Aun así la sonrisa que profesas esta tarde me convence de que he caído impávido ante semejante concierto.

Un concierto del cual no sabes aun que eres parte.

Cada hoja que caen de esos arboles tiene un bello propósito.

Con cada despido viene un retoño a tomar parte en esta sinfonía.

Háblame del cielo y sus misterios.

Háblame del bosque y sus verdades.

Háblame querida de futuros furtivos y esquivos en la noche.

No es que venus llene cada rincón de este escenario.

Son tus ojos los que me dicen que soy parte de esta bella velada.

Son tus ojos los que me susurran que después que pasen las sonrisas estaremos muy cómodos con el tierno y cándido silencio.

El cielo aún sigue purpura amor.

 

Wladimir Jiménez

18/02/2017

Caballeros blancos, inviernos, lunas y soles.

Las náyades se quedaron sentadas en las ramas de la betula .

Los Onís asustados huían, mas estos se transformaban en risas.

Tiernas palomillas amarillas que posan sus gráciles cuerpecitos en mi ventana.

Sonidos de cantos, buscando refugio en mis oídos esta tarde de nubes abultadas.

Mas silencie mi jardín en la noche, quedando empapado por el invierno con el cual respondió.

La luna enrojecida miraba inmutada e impotente, mientras yo observaba estrellas falsas con mi corazón quebrado.

Solo eran cuerpos, pues aunque estos se entienden en realidad no se comprenden.

No danzan en la noche vestidos de estrellas fugaces reflejando rosadas constelaciones, titilando luceros azules las cuales estarían casadas con bellos caballeros blancos.

Perdón por que no fue un caballero blanco, comparto contigo el frio invierno, mas, este solo le puede dar la bienvenida a la cálida bendición.

No se crean paisajes naranjas con luces verdes pintando fondos celestes.

Queda la música vacía del que mira estrellas sin vida en una noche de luna enrojecida.

De la bendición brotan soles.

Eso ya no importa más mientras el calor besa mis mejillas.

Que ya no importa más si suelto tu mano mientras iluminados nadamos ríos distintos.

No deseo ver ese paisaje ni imaginar alguno, deseo crear uno propio.

 

Wladimir Jiménez

11/02/2017