Olvidar que existen palabras

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Como puedo conectar las palabras

Si con ellas no puedo tocar el océano

De sostener una de tus miradas

De suspender en el tiempo tu calido aliento.

 

Como hacer que tomes con tu dedo

El rojo verso que juega entre estas cuerdas

Que acomedido entre juegos del viento

Torna de colores esta fría mañana.

 

Como no palpitar ante esas dos niñas

Que formando un torbellino eterno

Llegan derribando murallas guardianas de las palabras

En el instante eterno que arranco una fracción al tiempo.

 

Si estas palabras seguras no tocan esas miradas

Si estas palabras no llegan a la pausa que precede al exhalar

Permíteme tomar estas manos entre estos labios

Sostener esta mirada y olvidar que existen palabras.

 

Wladimir Jimenez Murillo

18/04/2018

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Estaciones

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El sol que despierta los rojos a raudales.

Corren dibujando prístinos paisajes.

Dulces, inalterables y deliciosos paisajes.

Esponjosos con toques suaves rosas.

Como aquellas por donde escapa tu tierno cantar.

Mas es con estas palabras que acaricio mi mundo.

 

Entre mestizos rostros mi mente viaja por trenes.

Estaciones ávidas de almas ocupadas en sus habituales menesteres.

Recuerdo que no extraño tu música.

De repente con estas palabras abrazo tu mundo.

Brindando siempre mi jardín al tuyo.

 

Deseando que el amor cubra el camino hasta llegar a tus rodillas.

 

Por tu placido y decidido caminar.

 
10/04/2018

Wladimir Ediron Jiménez Murillo

Apresurado

Muy rápido muy apresurado.

Como la ventisca salada que devora mis labios.

Como la lluvia que viene y toca las puertas de mi techo sin ser ella invitada.

Tan deprisa como si de un ingrato segundo dependiese.

Como si de un instante congelado de un singular tiempo acortado este colgara.

Acortado en un instante que se posa delicadamente en tus labios.

En mis labios.

Tan ínfimo y sin pensarlo tan delicado.

Mira que es bienvenido y a la ves intruso.

Una vida enredada como los cabellos de una nodriza.

Una espada brillante y fría que danza ante mi estrella de la noche.

Son aquellos tonos que sin avisar irrumpen el universo.

Mi universo.

Y es entonces cuando debo esconder al sol de los labios.

Cuando debo esconder las oraciones de mis labios.

Cuando más me es imposible esconder mi corazón de tus manos esta noche.

Así sin avisar.

Tan apresurado como la ventisca del desierto.

Tan apresurado que con una caricia toma desprevenida a mi luna.

Tan apresurado que el salado mar irrumpe nuestros labios mientras expiamos nuestros más ocultos pecados.

Una noche sin avisar vivo contigo en las estrellas mientras mis pies son fieles  amantes del suelo.

 

Wladimir Jiménez

29/04/2017

Recuerdo ajeno

No se puede hacer que un manantial te brinde el agua que necesitas beber.

Estuve en otros recuerdos y me rendí.

Como un aleteo el sueño se abatió sobre mi cabeza.

Cronos congelo una visión que no era mía.

Con sus alas se posó en mis ojos un recuerdo que no era mío y el cual yo no quería.

No era mío y aun así me abofeteo en el suave letargo de las horas.

Como una espada atravesó mi jardín, aquel en donde crecían las flores más bellas.

Visiones de cantos y alegrías en costas ajenas.

No son mías esas arenas, se me permitió verlas en la desnudes de mi piel.

En la desnudez que acompaña al ébano nocturno

En aquella piel donde en ese instante los volcanes se apagaron.

Un instante es solo un intervalo de tiempo acortado.

Acortado a un ínfimo y aunque lacere a las flores es un puro instante intruso.

Historias, visiones y recuerdos de otros mares que no deseo ver más.

No quiero ser invitado, pues no volveré a ser intruso.

Salgo de ese paisaje perdonando cada gota de las lluvias de Marzo.

Salgo de ese recuerdo intruso rendido.

Que es rendirse? si no abrir las manos y soltar las armas?.

No pude hacer que el sol saliera por esa ventana.

Ni con mis manos desnudas pude vestir esos desiertos de verde.

No pude empapar de mí a la nieve.

No pude calentar con mis llamas las manos de los vagabundos.

Con los mares en las niñas emprendí el viaje allí donde el sol golpeaba mi mejilla.

Cambio las armas por alas de miel.

Con mi manantial entre mis manos dejo esa flor que con el viento se funde y se pierde.

Wladimir Jiménez Murillo

19/03/2017

 

Cielo purpura

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Ya hemos estado en esta plaza, pues aún nos miran las mismas blancas azucenas.

Aunque aún es de día, nos miran las mismas estrellas.

Existe complicidad en caminar los dos tomados del brazo.

Una complicidad que se eleva más allá del cielo purpura que rodea este atardecer.

El viento se quiere llevar tu vestido, te ríes,  y yo solo puedo sonreír.

¿Sabes que nuestras risas inundan la plaza con cálidos colores?

¿Sabes que tus cabellos parecen hablarme esta tarde?

Me hablan del encuentro de dos espíritus que se unen, dejando sus ropajes de lado.

Ropajes que son vestigios del tiempo y el olvido.

Siendo lo nuestro eterno mas allá de los cuerpos, pues ellos no pueden albergar constelaciones.

Aun así la sonrisa que profesas esta tarde me convence de que he caído impávido ante semejante concierto.

Un concierto del cual no sabes aun que eres parte.

Cada hoja que caen de esos arboles tiene un bello propósito.

Con cada despido viene un retoño a tomar parte en esta sinfonía.

Háblame del cielo y sus misterios.

Háblame del bosque y sus verdades.

Háblame querida de futuros furtivos y esquivos en la noche.

No es que venus llene cada rincón de este escenario.

Son tus ojos los que me dicen que soy parte de esta bella velada.

Son tus ojos los que me susurran que después que pasen las sonrisas estaremos muy cómodos con el tierno y cándido silencio.

El cielo aún sigue purpura amor.

 

Wladimir Jiménez

18/02/2017

Caballeros blancos, inviernos, lunas y soles.

Las náyades se quedaron sentadas en las ramas de la betula .

Los Onís asustados huían, mas estos se transformaban en risas.

Tiernas palomillas amarillas que posan sus gráciles cuerpecitos en mi ventana.

Sonidos de cantos, buscando refugio en mis oídos esta tarde de nubes abultadas.

Mas silencie mi jardín en la noche, quedando empapado por el invierno con el cual respondió.

La luna enrojecida miraba inmutada e impotente, mientras yo observaba estrellas falsas con mi corazón quebrado.

Solo eran cuerpos, pues aunque estos se entienden en realidad no se comprenden.

No danzan en la noche vestidos de estrellas fugaces reflejando rosadas constelaciones, titilando luceros azules las cuales estarían casadas con bellos caballeros blancos.

Perdón por que no fue un caballero blanco, comparto contigo el frio invierno, mas, este solo le puede dar la bienvenida a la cálida bendición.

No se crean paisajes naranjas con luces verdes pintando fondos celestes.

Queda la música vacía del que mira estrellas sin vida en una noche de luna enrojecida.

De la bendición brotan soles.

Eso ya no importa más mientras el calor besa mis mejillas.

Que ya no importa más si suelto tu mano mientras iluminados nadamos ríos distintos.

No deseo ver ese paisaje ni imaginar alguno, deseo crear uno propio.

 

Wladimir Jiménez

11/02/2017

Esa hoja de abedul

Espero a que el tiempo se escape.

Espero a que las olas dejen de sonar y que entre espumas blancas se pierda esa hoja de abedul.

Que la luz que toca el bosque se transforme grácilmente en sonidos de calma y seguridad.

Los soldados golpeados regresan a sus casas a contar leyendas y hazañas.

Las palomas que volaron regresaron vitoreando sobre dulces noches en ese bosque de abedul.

El sonido de sus cuerdas me atormenta pero no es batalla nueva.

No es riña ni mucho menos fútil pelea.

La tormenta no puede ser calmada, solo ignorada y más arriba en las montañas olvidada.

Es que cuando te quieres sumergir y solo mojas las rodillas.

Visite castillos de azúcar que el cielo decidió desvanecer empapándolos.

Los visite en sueños y mira tú que grandes y hermosos eran.

Las nubes se disipan con el viento y el humo lo hace también.

Ahora el espejismo se fue y da paso a la arena.

Pues como es abajo es arriba y con cada giro marca una historia.

Historia que habla de arena y su paso a cuenta gota.

Que es el tiempo si no un espacio.

Que es el tiempo si no un cuarto.

Que es el tiempo si no la base de un cuento.

Entre bofetones despierto atento en mi barca blanca.

Me volteo y veo que la hoja de abedul ya no está o quizá nunca estuvo.

 

Wladimir Jiménez

10/02/2017